Fluir de conciencia

Hoy no puedo dormir como en las pasadas noches. Esta oscuridad me afixia y siento como si me faltara la respiración. Pero quien quiere vivir, luego de ver quebrantado el sueño de la vida, ver como fue masacrado inocentemente mi meta: ser un perfecto profesional. El poder ser alguien reconocido universalmente. Pero ahora mismo en esta soledad, sólo soy un hombre más.

Con un poco de tos y un fuerte ronquillo en mi garganta, trato de calmar mi terrible sorpresa. Hacer desaparecer esta desesperación que me ahorca y buscar la manera de sobreponerme al fracazo. Mi primera vez.

Y la estúpida televisión no me ayuda en nada, por que lo que hay es una triste comedia, mofándose de los negros, hablando pestes de los blancos e imitando a los homosexuales. Ya la televisión se a convertido en más de lo mismo; me hubiese gustado vivir para el tiempo de I love Lucy. Mis dramas favoritos fueron un mar de lágrimas, hablando de como la gente se deteriora. Me siento deteriorado, sucio, vacío y manipulado. Manipulado por alguien que me condenó a esta condena. Nunca me dijo: "ten cuidado". Me siento deprimido, con coraje, con furia, con frío en mi alma y sobre todo; me siento común.

Y esta maldita sociedad que no me deja llorar, por que es un acto de mujeres y de hombre sensibles. Por que aquí el hombre tiene que ser macho, tiene que ser un animal. Y no quiero dar falsas impresiones de mi ser, por que al fin y al cabo, esta sociedad es puro maquillaje y vestuario, y lo que importa es el que dirán y no quien soy yo. Y ahora que soy un hombre común, tengo que dejarme llevar por lo que mande ella.

¡Maldita sociedad! no me deja ser nadie en la vida.

Siempre soñé con ser un gran arquitecto. Y cuando convierto el sueño en realidad, me dicen que tengo la vocación, pero no el empeño. Y que más empeño que estar en segundo año de estudios, pues el empeño ¡pa'l carajo!, por que ahí lo que realmente vale es... ¡Qué mentira!

Miro por la ventana y veo la naturaleza en la que me encuentro. Naturaleza que ha perdido su virginidad por culpa de aquellos que se creen dioses y lo que les importa es un título de nobleza y la supremacía sobre sus rivales. Yo ya he perdido mí supremacía, he perdido la pasión, he perdido el amor. Pensaba que amaba lo que hacía, pero se murió demasiado rápido, no me dejaron abrir mis alas y volar. He perdido mi ser; ya no sé quien soy. Sólamente sé, que estoy enredado entre vegetación muerta.

Ya son las diez de la noche y lo que escucho son disparos de escopetas y a la vecina gritándole a sus muchachos.

Comienzo a cabecear y mis ojos comienzan a morirse. Pero no tengo sueño hace más de una semana. Ya llevo dos horas aquí dando vueltas y sólo puedo ver como del techo salen espadas que quieren atravesar mi cuerpo para desahuciarme. Ya no vale la pena seguir viviendo, por que hasta mi propia soledad, ya no la encuentro. Todos me odian por tratar de ser perfecto. Quizás ahora me amen por que soy igual a ellos. Excluyendo a los del sociedad elite que nunca me reconocieron.

Ya mis paredes no hablan, ya las imágenes que veía, no salen. Mis reconocimientos ya no brillan y mis medallas se pusieron opacas. Inclusive mi águila se fue volando hacia otros destinos para encontrar a alguien digno de posar en su pecho. El acondicionador de aire no sirve, la computadora está dañada y me cobran tres pesos por ver una película en "pay-per-view".

Mis amigos ya no llaman y los que me llaman son para pedirme favores. En mí casa me hablan rara vez y ya mí ser no se reconoce. ¿Qué metamorfosis tan extraña? Me estoy convirtiendo en un hombre más, al borde de un colapso emocional y físico. Con vicios en mi sistema y viviendo de otros para comer.

¿Yo no era así? ¿Qué me pasa? Presiento que me muero lentamente entre estas cuatro paredes. De vez en cuando escribo un poema, para re-activar la imaginación y de nada me sirve por que no tengo a quien dárcelos a leer. Sólo los ratones que de vez en cuando se pasean por mí cuarto, los utilizan para comer. Ya es la una de la madrugada y prendo la tele pa' ver alguna película y nada.

Enciendo la luz y son la una y diez. Todo lo que me falta para ver la luz del día y tratar de brillar como el Sol, estrella que ilumina el planeta, pero ¿a quién engaño?, ahora yo soy como la Luna que dependo de otros para poder brillar, como el hombre más que soy ahora. ¡Hipócrita!.

Ya son las dos y un frío recorre todo mi cuerpo desnudo entre las sábanas. Y dejo trabajando al subconsciente para que sea él el que me acomode en la cama. Es un frío tentador... pero no tengo ganas.

Quizás acepte mi muerte en la próxima madrugada.

Las tres y sólo el tic-tac del reloj es mi compañía. Pero que raro, si soy tan común debería tener una mujer en mi cama, estar durmiendo hace rato, para levantarme con mal humor pa' ir al trabajo o quedarme en casa viendo películas y hartándome de cervezas. O esperar desesperadamente por las ocho horas de empleo, salir he ir al bar. Llegar a mi casa borracho y gritarle a mí mujer por la comida y luego tener sexo una y mil veces hasta que yo me canse. Y finalmente acostarme a dormir y roncar y roncar hasta el próximo amanecer. Pero no tengo trabajo, la cerveza me hace daño por mi condición que tengo en el hígado. No tengo hambre. No tengo una mujer a quien pegarle y hacerle el llamado amor una y otra vez. Ya son las cuatro y todavía estoy aquí; imprudentiando.

Sonó el reloj despertador, ¡las cinco!...

Como odio este número. Y todavía ecucho el tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic del reloj que tengo en la pared, entre el sonido de la chicharra del reloj despertador que me avisa que llegó El Nuevo Día. Y observo la pared, y me dice que falta todavía diez minutos para las cinco; ¡maldito sea el tiempo!. Me ha dado un dolor de cabeza y un poco de fiebre por tanto pensar en lo que voy a hacer. Empezaré por dejarme una barriga cervezera. Traeré par de muchachos al mundo y que sus abuelas los quiden. Compraré un tremendo carro pa'l fronte y un beeper y celular de puro lujo. Quizás un revolver para protejerme. Un par de revistas Playboy para charlar en las barras del tremendo cuerpo que tiene la modelo central. Y contar nuestras fantasías sexuales con dicha página, total, no sabemos hablar de otra cosa. ¡Ah!, y un TeVe Guía para quedar bien ante las mujeres. Al fin y al cabo, tengo que hablar de los temas que a ellas les interesan: el chisme.

Las seis y estoy desnudo bajo el chorro de agua hirviente que sale de la ducha. No siento ese ardor que está agobiando mí cuerpo y más, con el frío que ronda por el baño, es una sensación extraña la que siento. Es como si me encontrara en el limbo, cerca del infierno. Miro mis manos y son manos impotentes. Manos que en un pasado eran ágiles, trabajadoras e inteligentes. Es como si el mismísimo Diablo me hubiese robado el poeta que habitaba en mi ser. Se fue la musa, se quedó en el ayer. Y tendré que venderle mí alma a él para que me devuelva la inspiración, la poesía y la vida. Y me miro en el espejo, y me veo quemado y de repente... una sonrisa se apodera de mis labios y lo veo a él: el Demonio.

¡Este infierno en el que me encuentro no lo aguanto!. Y rompí el espejo de un puñetazo y sangré, el golpe no me dolió; puede ser la señal del Diablo como que ya compró mí alama y le pertenezco. Salté nuevamente a la ducha, y en vez de salir agua por ella, salió mí sangre. Y me bañé de ella y no pude contener el llanto. Sin embargo lloraba porqué me duelen los siete años de mala suerte que gobernará mí futuro; yo no tengo ya un presente. Sin embargo espero que no se enteren los compañeros que lloré, por que entonces seré el bufón por un buen y largo rato; y no quiero serlo más.

¡Dios mío! las siete, ya voy tarde a mi debut en la sociedad como un hombre más, que está demás en la periferia. Y a pesar de que no sé si soy heredero del Cielo o prisionero del Demonio, salí caminando sin prisa a mi nuevo trabajo con un bendaje en el puño derecho, una camisa toda estrujada, un mahón roto y con cinco pesos en la cartera.

¿Cuál será mi primera tarea?...

Wilson Valentín Hernández